2 jul. 2015

Drácula – Bram Stoker

La terrorífica historia del vampiro más famoso de todos los tiempos y obra suprema de la Literatura Gótica. El Conde Drácula nos cuenta sobre las macabras intenciones de Drácula por conseguir a Mina y quedársela para sí a cualquier precio, y la lucha pertinaz que emprenden Jonathan (prometido y posteriormente esposo de Mina) y sus amigos por arrebatársela y salvarla de una existencia demoníaca.

Del escritor irlandés Bram Stoker 1897, esta es una edición del Grupo Anaya, 2012.

Mi puntuación:

La historia de la que tantas películas se han hecho y que tantas otras historias ha inspirado, nos ha conquistado a pulso a través de los años. Esta trama despertó mi curiosidad por conocer la obra original e indagar en qué términos y estilo la plasmó el autor.



Ciertamente es una obra que está bellamente escrita y el autor no escatima en epítetos a la hora de describirnos cada escena y los acontecimientos que la rodean.

El carácter de cada personaje está claramente diferenciado y nos introduce a la sociedad europea del siglo XIX, sus maneras y sus costumbres. Tómese textualmente, ya que antes de emprender esta lectura es necesario tener en cuenta estas características y considerar que la obra fue escrita para la audiencia de aquel entonces. De ahí que algunas modificaciones se hayan llevado a cabo en las cintas cinematográficas más contemporáneas para adaptar la historia y la trama a las expectativas de la generación del momento.

Considero pertinente hacer la aclaración porque fue justo lo que me ocurrió en esta ocasión que, influenciada como estoy por mi propia generación con vampiros como Lestat y Louis, caí en el error de suponer que vendría algo similar.

Los vampiros como los conocemos hoy son individuos cuya apariencia es invariablemente la misma: cabello oscuro, piel clara y labios rojos y sensuales. Poseedores de un encanto arrollador que les permite ejercer un hechizo sobre sus víctimas,  quienes incapaces de resistirse acceden dócilmente a sus demandas.

Pero adivinen qué… nada pudo distar más de este idílico concepto que el Conde Drácula. El señor Stoker, en su obra, introduce a un personaje que poco o nada guarda relación con el conde que personifica Gary Oldman por ejemplo. En lugar de ello, nos presenta a un personaje que carece por completo del poder de cautivar a su presa y dominarla sin que ésta se percate de ello. Aquí encontramos a un ser harto desagradable con una apariencia desaliñada: un sujeto encorvado con un perfil de pájaro que expele un pestilente aliento por su boca. En consecuencia, Drácula no tiene más alternativa que tomar a sus víctimas por la fuerza y someterlas. Toda una decepción a mi juicio.

En el encuentro con Mina, o más bien debería decir el asalto a Mina, se describe un ataque tan brutal que sólo puede ser comparado con una violación sexual. ¿Dónde queda esa lucha interna a la que es sometida la víctima que, consciente de que no debería acceder en realidad lo desea?

En cuanto al discurso, este puede sonar un poco acartonado y afectado en estos tiempos, pues me recordó el formalismo al que con tanta obstinación se incurre en Romeo y Julieta. La formalidad excesiva con que se dirigen los personajes unos a otros convierten el diálogo en una disertación artificial carente de espontaneidad a la cual no estamos acostumbrados en estos días.

Lo que sí debo rescatar aquí son las ilustraciones que a buen tino tuvo Beatriz Martín Vidal incluir en la obra. Las imágenes, en mi opinión, quizá constituyan el elemento más atractivo de esta edición. Dibujos góticos donde predominan el rojo y el negro (y algo de sepia) armoniza de lleno con la percepción ordinaria que se tiene de los vampiros en esta época.





2 comentarios:

  1. Bueno este libro sentó las bases de lo que es un vampiro, sí bien como mencionas Drácula no cuenta con el encanto de los "vampiros" de hoy en día, no había necesidad, dado que él cometía sus ataques sin que su victima se diera cuenta y como se ve en la novela tiene influencia en las personas y puede dominarles para que vayan hacia él, por lo que no hay una necesidad de ser seductivo. Es una de las mejores novelas epistolares que he leído y es un clásico, si es verdad que hay ocasiones en que la novela se mueve algo lento, es aceptable. Lo que sí no puedo dejar pasar fue la pelea final, la cual se termina tan rápido como inicia, lo cual te deja un mal sabor de boca.

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    1. Hola Gustavo, la verdad no capté el dominio que ejerce Drácula en sus víctimas, más bien me pareció pura fuerza bruta, nada excepcional.
      Ciertamente muchas obras caen en el mismo error: el de crear una gran expectativa para luego resumir el final en un par de líneas (un párrafo a lo sumo).
      Gracias por opinar.
      Saludos

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